Bé, se que no escric en català tant sovint com voldría sobretot per aquí. Fet i fet, fa massa que no escric per aquí. Sobretot perque no tinc massa a dir i com que els blogs no son més que un mitjà per mirar-se el melic, si no hi ha noticies no hi ha missatges.
M'he proposat escriure una estona cada día. Ja es hora que reprengui aquest hàbit que he anat perdent amb el temps. Les meves metàfores no estan tan ven teixides com abans (hagues preferit poder dir "hilvanadas") i m'estic tornant més lent a l'hora de cardar la meva imaginació. Es hora d'aconseguir nous hàbits i tots aquests bons propòsits que em faig de tan en tan. Proposits que em plantejo quan em sento optimista.
De totes maneres no em deixeran dormir el que vull, així que millor produir alguna cosa de profit.
Medu
divendres
dimecres
La sed del alma
A veces sientes una necesidad desesperada de aprender algo nuevo. De ver algo nuevo, de oirlo, de tocarlo, de lamerlo.
Necesitas SENTIR, recordarte que estas vivo y que tus venas palpitan con el flujo de tus pensamientos. Saber sin ninguna duda que, aunque solo sea por un instante, puedes hacer todo lo que te propongas. Que los límites son algo que les ocurre a los demás.
Ser inmortal por un segundo.
Puedo tolerar el aburrimiento, puedo tolerar la ignorancia, incluso puedo tolerar el hambre, pero esa sensación asfixiante de que el tiempo se escapa para nunca volver puede conmigo. Me ahoga porque sé que no puedo hacer nada en su contra. Que no hay remedio para esto.
Y cuanto más tiempo pasa sin hacer nada de provecho más sediento estoy. Pero sigo sin encontrar un modo de que esas pocas gotas de rocío que encuentro se conviertan en un manantial del que beber. Mis numerosos lastres siguen enterrandome en el desierto que es la vida y veo un espejismo de un banco de arena dónde esta el oasis. O tal vez no haya oasis, pero tengo que seguir pensando que existe, porque tengo que ir hacia alguna parte.
Necesitas SENTIR, recordarte que estas vivo y que tus venas palpitan con el flujo de tus pensamientos. Saber sin ninguna duda que, aunque solo sea por un instante, puedes hacer todo lo que te propongas. Que los límites son algo que les ocurre a los demás.
Ser inmortal por un segundo.
Puedo tolerar el aburrimiento, puedo tolerar la ignorancia, incluso puedo tolerar el hambre, pero esa sensación asfixiante de que el tiempo se escapa para nunca volver puede conmigo. Me ahoga porque sé que no puedo hacer nada en su contra. Que no hay remedio para esto.
Y cuanto más tiempo pasa sin hacer nada de provecho más sediento estoy. Pero sigo sin encontrar un modo de que esas pocas gotas de rocío que encuentro se conviertan en un manantial del que beber. Mis numerosos lastres siguen enterrandome en el desierto que es la vida y veo un espejismo de un banco de arena dónde esta el oasis. O tal vez no haya oasis, pero tengo que seguir pensando que existe, porque tengo que ir hacia alguna parte.
dissabte
dimecres
Constelaciones III
Tercera entrega.
La tejedora
Ella urde sin problemas. Tramas y tramas que forman un bonito tejido que cubre todo su mundo. Vive para sus tapices de mil colores y formas de modo que todo lo demás queda extrañamente teñído bajo la luz filtrada por el lino. Siempre habla de ropa hasta el punto que parece que sólo le interese eso.
El kender
Esta es una pequeña constelación que brilla con mucha más fuerza de lo que uno esperaria. Desde su lugar antes remoto y ahora más cercano al centro del espacio maneliano, palipita con fuerza, desatando vientos solares que hacen que las constalaciones cercanas se tambaleen. Alegria, felicidad, energía, son adjetivos que se le pueden aplicar. Personalmente incordio es de mis favoritos.
El monarca
Jamas ví a alguien desear tanto algo sin ser consciente de ello. El monarca ha nacido para ser un rey. Un rey convencido y quizá benevolente, no lo sé, pero un rey sin duda. No es que su porte sea excesivamente magestuoso ni sus maneras terriblemente refinadas, pero así son los reyes de verdad. Gente corriente, nacida para gobernar, dispuestos a sacrificar su vida por unos pobres privilegios.
La tejedora
Ella urde sin problemas. Tramas y tramas que forman un bonito tejido que cubre todo su mundo. Vive para sus tapices de mil colores y formas de modo que todo lo demás queda extrañamente teñído bajo la luz filtrada por el lino. Siempre habla de ropa hasta el punto que parece que sólo le interese eso.
El kender
Esta es una pequeña constelación que brilla con mucha más fuerza de lo que uno esperaria. Desde su lugar antes remoto y ahora más cercano al centro del espacio maneliano, palipita con fuerza, desatando vientos solares que hacen que las constalaciones cercanas se tambaleen. Alegria, felicidad, energía, son adjetivos que se le pueden aplicar. Personalmente incordio es de mis favoritos.
El monarca
Jamas ví a alguien desear tanto algo sin ser consciente de ello. El monarca ha nacido para ser un rey. Un rey convencido y quizá benevolente, no lo sé, pero un rey sin duda. No es que su porte sea excesivamente magestuoso ni sus maneras terriblemente refinadas, pero así son los reyes de verdad. Gente corriente, nacida para gobernar, dispuestos a sacrificar su vida por unos pobres privilegios.
dijous
Vendetta
"Nunca lo entenderías. Es una historia de amor esto, de amor y de honor."
Corto Maltés
La navaja recorrió la parte baja de su mentón recortando el vello a ras de piel. Era el trozo que más le gustaba hacer porque era el más limpio y que mejor apurado quedaba. Eso decía mucho de él, y también que siempre lo dejara para el final. Se lavó la cara de los restos de espuma y se secó con la toalla de mano. Se abrochó los botones de puño de su camisa y se colocó bien el cuello. Luego su capa voló con gesto amplio cubriendo sus espaldas y se cerró el broche con una máscara sonriente para sujetarla. La máscara de hueso sustituyó su prpia cara frente al espejo cuando se cubrió rostro con ella, fijandola con las correas de cuero habituales. Cubrió estas con su pelo antes de calarse el sombrero negro, como el resto de sus vestimentas, de ala ancha. Luego procedió a la laboriosa operación de ocultar cuchillos y útiles por su ropa cómo hacía cada mañana. Se calzó las botas de caña doblada ocultando en ellas dos cuchillos cómo hacía siempre, tambien dos main gauche en su espalda, ocultos por su capa. Una tira de tres estilletes en su brazo y una daga lunar en su cintura, esta última bien a la vista. Colgó su sable del cinturón y salió de su cabina.
El Vendicatore surcaba las olas con prisa aquella mañana. Sus velas negras se llenaban de la brisa marina como si una diosa generosa soplara en la nuca de sus marineros para alentarles a avanzar. El capitán sonrió y se se paseó silencioso por cubierta. Sus hombres trabajaban sin mediar palabra y con la velocidad propia de los profesionales. Sus pieles de ébano se mostraban perladas por el sudor mientras sus brazos se tensaban tirando de cuerdas y aparejos, pero en aquella salada mañana de octubre sólo se oía el arrullar de las olas contra la quilla del Vendicatore. El capitán se apoyó en la proa del barco con una de sus botas mientras contemplaba el horizonte y cómo su navío se abría paso a través del oceano. No podía evitar pensar que navegar era como hacerle el amor al mar, y esta podía responder como una amante cálida y cariñosa o como una béstia salvaje. Cogió una manzana del barril que tenía cerca y la arrojó por la borda. Tal vez sea lo más proximo a una caricia, pensó mientras se dirigía al castillo de popa.
Un grito del vigía le hizo darse la vuelta antes de llegar. El vigía sólo gritaría si viera algo. Y tan lejos de la costa sólo podía ver una cosa. Un rival. El capitán sonrió bajo su máscara. La mar era una amante promiscua, pero él podía retar a duelo y hundir cuantos barcos se le pusieran por delante. Rapidamente volvió a arrimarse a la proa para ver cómo el pequeño mercante castellano empezaba a virar para escapar de ellos. No había barco más rapido en aquellas aguas que el Vindicatore, y menos ese gordo montón de madera cargado de sedas y especias hasta la bandera. A una señal de su mano la actividad de la pequeña fragata se triplico cuando los marineros lunares surgieron de su interior cómo hormigas para empezar a mover el oscuro velamen. La bandera negra casi se hizó por sus própios medios aunque no hacía falta anunciar más su presencia. La calavera estilizada y los dos sables cruzados no eran necesarios para que el cobarde patrón castellano que se hacía llamar a si mismo capitán se cagara en sus calzones de seda y diera media vuelta. Pero el Vendicatore surcaba las aguas más deprisa que el viento alentado por aquella mar generosa que siempre daba tanto aunque quitase de la misma forma.
...
El Vendicatore surcaba las olas con prisa aquella mañana. Sus velas negras se llenaban de la brisa marina como si una diosa generosa soplara en la nuca de sus marineros para alentarles a avanzar. El capitán sonrió y se se paseó silencioso por cubierta. Sus hombres trabajaban sin mediar palabra y con la velocidad propia de los profesionales. Sus pieles de ébano se mostraban perladas por el sudor mientras sus brazos se tensaban tirando de cuerdas y aparejos, pero en aquella salada mañana de octubre sólo se oía el arrullar de las olas contra la quilla del Vendicatore. El capitán se apoyó en la proa del barco con una de sus botas mientras contemplaba el horizonte y cómo su navío se abría paso a través del oceano. No podía evitar pensar que navegar era como hacerle el amor al mar, y esta podía responder como una amante cálida y cariñosa o como una béstia salvaje. Cogió una manzana del barril que tenía cerca y la arrojó por la borda. Tal vez sea lo más proximo a una caricia, pensó mientras se dirigía al castillo de popa.
Un grito del vigía le hizo darse la vuelta antes de llegar. El vigía sólo gritaría si viera algo. Y tan lejos de la costa sólo podía ver una cosa. Un rival. El capitán sonrió bajo su máscara. La mar era una amante promiscua, pero él podía retar a duelo y hundir cuantos barcos se le pusieran por delante. Rapidamente volvió a arrimarse a la proa para ver cómo el pequeño mercante castellano empezaba a virar para escapar de ellos. No había barco más rapido en aquellas aguas que el Vindicatore, y menos ese gordo montón de madera cargado de sedas y especias hasta la bandera. A una señal de su mano la actividad de la pequeña fragata se triplico cuando los marineros lunares surgieron de su interior cómo hormigas para empezar a mover el oscuro velamen. La bandera negra casi se hizó por sus própios medios aunque no hacía falta anunciar más su presencia. La calavera estilizada y los dos sables cruzados no eran necesarios para que el cobarde patrón castellano que se hacía llamar a si mismo capitán se cagara en sus calzones de seda y diera media vuelta. Pero el Vendicatore surcaba las aguas más deprisa que el viento alentado por aquella mar generosa que siempre daba tanto aunque quitase de la misma forma.
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divendres
La lengua de las balas
El hombre saco un cigarro del paquete y lo prendió en su boca. El humo gris llenó el aire por encima de su sombrero de ala corta mientras la lluvia seguía insistiendo con gotas pequeñas y livianas. Sus gafas oscuras y su peinado ánodino no dejaban ver su rostro, y sus ropas oscuras y a medida no parecian transmitir una imagen muy peculiar en su entorno. Dejó caer la ceniza que se precipitó hacia el desague atraida por la ley de la gravedad mientras con la otra mano sacaba lo que parecía una pequeña libreta negra de aspecto formal. Consultó brebemente una de sus páginas antes de volver a guardarla en su bolsillo negó con la cabeza.
-Hay que ver...- comentó al aire.
Apuró el cigarrillo y lo piso convirtiendolo en una colilla más. El humo trazó volutas en el aire antes de disiparse y desaparecer. Miró la puerta chapada del oscuro local y, con un suspiro, se adentró en sus profundidades. Un olor a tabaco y almizcle lleno sus fosas nasales nada más entrar y la luz mortecina y el humo le irritaron los ojos. Parte de él se sentía acogido por el falso cariño de las chicas de piel de plástico que poblaban el local y parte se sentía rechazado con un gesto de repugna.
Se dirigió a la barra cruzando el lugar sin mediar con nadie y se hizo con un sitio vacío. Frente a él había un cenciero y una tapa de cacahuetes rancios que alguien había olvidado. Una mancha de cerveza empezaba a rodear el cuenco. El viejo barman le dirigió una mirada indiferente mientras servía otra copa a alguien que ya había bebido demasiado.
-¿Qué será?- preguntó simplemente.
-Una cerveza- respondió mientras otro cigarrillo aterrizaba en sus labios.- Fría- añadió.
El camarero no dijo nada, se limitó a sacar una botella de debajo de la barra y abrirla antes de pasarsela. Pareció concentrarse durante unos segundos en una gota que se deslizaba de forma sensual por el cuello de la botella mientras la ceniza del cigarro indicaba que el humo llenaba sus pulmones. Parecía que nada había cambiado con los años, que todo era igual. Que sólo era otra cerveza y otro cigarro en otro bar. Pegó un trago a la cerveza y aplastó el cigarro contra el cenicero como si fuera el culpable de sus males. Dejó unas monedas sobre la barra y se dirigió a la puerta que bajaba al sotano.
Al fin y al cabo, los trabajos nunca se hacen solos.
-Hay que ver...- comentó al aire.
Apuró el cigarrillo y lo piso convirtiendolo en una colilla más. El humo trazó volutas en el aire antes de disiparse y desaparecer. Miró la puerta chapada del oscuro local y, con un suspiro, se adentró en sus profundidades. Un olor a tabaco y almizcle lleno sus fosas nasales nada más entrar y la luz mortecina y el humo le irritaron los ojos. Parte de él se sentía acogido por el falso cariño de las chicas de piel de plástico que poblaban el local y parte se sentía rechazado con un gesto de repugna.
Se dirigió a la barra cruzando el lugar sin mediar con nadie y se hizo con un sitio vacío. Frente a él había un cenciero y una tapa de cacahuetes rancios que alguien había olvidado. Una mancha de cerveza empezaba a rodear el cuenco. El viejo barman le dirigió una mirada indiferente mientras servía otra copa a alguien que ya había bebido demasiado.
-¿Qué será?- preguntó simplemente.
-Una cerveza- respondió mientras otro cigarrillo aterrizaba en sus labios.- Fría- añadió.
El camarero no dijo nada, se limitó a sacar una botella de debajo de la barra y abrirla antes de pasarsela. Pareció concentrarse durante unos segundos en una gota que se deslizaba de forma sensual por el cuello de la botella mientras la ceniza del cigarro indicaba que el humo llenaba sus pulmones. Parecía que nada había cambiado con los años, que todo era igual. Que sólo era otra cerveza y otro cigarro en otro bar. Pegó un trago a la cerveza y aplastó el cigarro contra el cenicero como si fuera el culpable de sus males. Dejó unas monedas sobre la barra y se dirigió a la puerta que bajaba al sotano.
Al fin y al cabo, los trabajos nunca se hacen solos.
dimecres
Distancia
Dicese del módulo del vector que enlaza dos puntos. Es decir, lo lejos que esta algo. O lo cerca. Cuanto la gente dice distáncia se refiere a cuan lejos esta algo. Curiosamente, para referirse a proximidad se utilizan otras palabras. Como cercanía o inmediación. Porque las cosas son mucho más importantes cuando no estan.
Nadie valora lo que ya tiene, a no ser que recuerde como era no tenerlo, o que tenga miedo de perderlo. O que ya lo haya perdido.
Puede parecer egoista, pero es un sistema que funciona. Al fin y al cabo si prestamos atención a algo es para no perderlo. Sólo cuidas las cosas que pueden dejarte. Es un trabajo delicado, porque hay que juzgar muy bien los límites, o puedes encontrarte que sea demasiado tarde.
En realidad el problema es que todo esta en movimiento constante, a pesar de lo que pudiera decir Newton. Y como todos los puntos se mueven hacia sitios diferentes, la distáncia cambia constantemente, y es muy difícil (al menos para mi) tener claro dónde esta todo en cada momento y que es lo que tengo que cuidar, dónde tengo que imponer, y que protejer. Y aun cuando lo sepa, luego esta que los intereses de los demás puntos no interfieran, cosa que ocurre demasiado a menudo.
Me gustaría poder decir que siempre que te alejas de algo otra cosa se acerca del mismo modo, pero no es cierto. normalmente o ganas más de lo que pierdes, o, más comunmente, pierdes mucho más de lo que ganas. Incluso pierdes sin ganar nada. Aunque es difícil de decir, porque el lenguaje es engañoso.
Tal vez esta opinión este muy sesgada por mi visión de la vida, pero en relidad dudo que sea muy distinto todo. En realidad creo que no hay nadie que viva en mitad de nada. Algunos estamos en una intersección, todos vivimos en un crepusculo. Algunos vemos constelaciones en nuestro cielo que entre ellas no se llevarian nada, y que sólo nosotros vemos al completo. Y los que estan en el crepusculo, pueden ver cosas que nadie más vee. Defectos, detalles, nimiedades a los ojos de los demás que nos hacen brillar los ojos, me gusta pensar que son las lineas de los conjuntos de Venn separando los conjuntos de forma tajante.
A veces pienso que si ladeas la cabeza y miras con los ojos entrecerrados puedes ver el origen de cordenadas... (y entonces parece un conejo!)
Medu
Nadie valora lo que ya tiene, a no ser que recuerde como era no tenerlo, o que tenga miedo de perderlo. O que ya lo haya perdido.
Puede parecer egoista, pero es un sistema que funciona. Al fin y al cabo si prestamos atención a algo es para no perderlo. Sólo cuidas las cosas que pueden dejarte. Es un trabajo delicado, porque hay que juzgar muy bien los límites, o puedes encontrarte que sea demasiado tarde.
En realidad el problema es que todo esta en movimiento constante, a pesar de lo que pudiera decir Newton. Y como todos los puntos se mueven hacia sitios diferentes, la distáncia cambia constantemente, y es muy difícil (al menos para mi) tener claro dónde esta todo en cada momento y que es lo que tengo que cuidar, dónde tengo que imponer, y que protejer. Y aun cuando lo sepa, luego esta que los intereses de los demás puntos no interfieran, cosa que ocurre demasiado a menudo.
Me gustaría poder decir que siempre que te alejas de algo otra cosa se acerca del mismo modo, pero no es cierto. normalmente o ganas más de lo que pierdes, o, más comunmente, pierdes mucho más de lo que ganas. Incluso pierdes sin ganar nada. Aunque es difícil de decir, porque el lenguaje es engañoso.
Tal vez esta opinión este muy sesgada por mi visión de la vida, pero en relidad dudo que sea muy distinto todo. En realidad creo que no hay nadie que viva en mitad de nada. Algunos estamos en una intersección, todos vivimos en un crepusculo. Algunos vemos constelaciones en nuestro cielo que entre ellas no se llevarian nada, y que sólo nosotros vemos al completo. Y los que estan en el crepusculo, pueden ver cosas que nadie más vee. Defectos, detalles, nimiedades a los ojos de los demás que nos hacen brillar los ojos, me gusta pensar que son las lineas de los conjuntos de Venn separando los conjuntos de forma tajante.
A veces pienso que si ladeas la cabeza y miras con los ojos entrecerrados puedes ver el origen de cordenadas... (y entonces parece un conejo!)
Medu
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