En su diestra llevaba su Smith&Wenson Modelo 29 cargada con Magnum.357 del 44 punta roja. Una antigualla, pero una antigualla capaz de volar la cabeza de metal de Toku si se preciaba. Y también un arma con más de 30 años, con muchas muertes a sus espaldas, y por lo tanto fuerte en el mundo espiritual.
Además era una pasada de hierro.
Llegarón al final del pasillo. Toku pegó un salto hacía arriba y abrió un agujero en el techo de ladrillo viejo. Una nube de polvo los bañó. Entraron por el orificio y se encontraron dentro de un pequeño almacen, fuera se oían disparos, al parecer la distracción estaba funcionando. Salieron siguiendo a Toku que veía los planos impresos en sus cyberojos. Si dirigieron a toda velocidad hacia las escaleras y subieron un piso hasta llegar a las celdas. Había doce, seis a cada lado, y sólo dos ocupadas. Parecian las celdas importantes. Enrico estaba en la del fondo a la derecha, con la camisa sucia y desabrochada, manchada de barro y sangre, casi toda suya. Ofrecía un aspecto lamentable. Aunque lo poco que Job había tratado con él le decía que se lo merecía, el tipo era un capullo.
El otro ocupante de las celdas, que ocupaba la de enfrente, se levantó y fue a gritarles algo. Un troll enorme con unas largas rastas y camisa hawaiana. Un jamaicano. Toku le apuntó con su fusil antes de que abriera la boca y el monstruo pareció pensarselo y acabó por sentarse. Kurage cruzó la habitación con un par de zancadas y tocó los barrotes con su delicada mano. Susurró algo en japonés, algo que Job no entendió, y el metal empezó a herrumbrarse y crujir. El suelo empezó a llenarse de un polvo óxido anaranjado mientras los barrotes se deshacian en las manos de porcelana de Kurage. Pronto la puerta no fue más que un recuerdo, metal deformado y maltratado colgando de los goznes de la prisión. Kurage señaló entonces a Enrico y, a la poca luz de la sala, alumbrada sólo por los fogonazos que entraban por unas pequeñas ventanas altas del tiroteo exterior, pareció cómo si un delgado tentáculo transparente surgiera de la manga de Kurage, que tapaba su pequeña mano. Enrico se dobló sobre si mismo como si se le acabara de clavar algo en el hombro, y cayó al suelo inconsciente.
Toku se adelantó con dos zancadas y lo cojió sin miramientos por la cintura, cargandolo en el hombro. Job, mientras tanto, montaba guardia en la entrada, y oyó pasos. Salió al pasillo a toda velocidad y pegó tres rápidos tiros a la figura que se acercaba. Un agente del cuerpo administrativo cayó con el craneo destrozado al tiempo que la alarma de fuga saltaba. Job masculló entre dientes y se apresuró en seguir a Kurage y a Toku, que ya le habían adelantado sin hacer ni un ruido, y dejó atrás los quejidos del troll jamaicano que le increpaba por dejarlo allí.
El camino de vuelta fue mucho más rápido que el de ida. No tubo tiempo para pensar mientras se concentraba en no perder el reflejo del reloj de Enrico que era la única guia que tenía para seguir a un silencioso Toku. Cuando llegarón al punto de inico Toku arrojó Enrico por el agujero y fue rápidamente pescado por Monza, que lo esperaba fuera. Toku saltó el siguiente y Kurage subió los peldaños mientras él la cubría. Le picaba el cogote y eso nunca era buena señal. Reflejado en su arma plateada vio cómo Toku se acercaba al foso cuando Kurage salió, y supo lo que pasaría. Saltó a toda velocidad y se sumergió en el fango de alcantarilla mientras una ráfaga de tres balas arrancaba trozos del asfalto que pisara instantes antes. Logró que el barrido que vino despues no le matara pegandose al borde del maloliente canal. No veía nada, no oía nada, pero sabía lo que pasaba fuera. Cómo si lo viera.
"-Dejalo, no hay tiempo- diría Kurage.- No es importante. Ya he pedido a alguien que se encargue de él, no durará mucho allí abajo."
Un fuerte ruido encima suyo confirmó su teoria. Alguien, Toku o Monza, acababa de mover algo pesado encima de la tapa. También oyó el ruido de neumàticos quemando rueda para salir pitando. Salió cómopudo del apestoso rio de excrementos y subió a la acera del canal. Estaba jodido.
- Mierda...- comentó de forma ocurrente.