Del Capitán Flotsmayer, al mando del "Shotstar" de la armada de Su Majestad, al Comodoro Windsforld, oficial del puerto de Bombay.
Comodoro, me diríjo a usted y le remito esta carta que encontramos dentro de una vieja botella flotando en alta mar. Dentró de dicha botella se encontraba este documento junto a un recibo de la marina real sellado en fecha de 18 de abril del año de nuestro señor 1813 por un pago de 425 guineas en oro y bonos del banco de Londres. Cómo sabeís esta es la fecha de la desaparición del pirata Rajesh Kerala, llamado El Carnicero. Junto a su barco y 17 barcos de la gloríosa armada de su majestad en la escaramuza del estrecho Palk. El siguiente testimonio, rasgado en algunas partes ilegibles por los diez años que ha pasado en el mar, se encontraba junto a dicho recibo:
"A Valeria,
Te preguntaras porque te escribo esta misiva, mi amor, si nunca hablo de mis aventuras en el mar por escrito, pues todo tiene sue explicación en los hechos ocurridos [...] así cómo grandes ganas de hacerse a la mar, así que nuestro pequeño junco rojo cómo mi corazon zarpa ahora hacía la verdad o la muerte. O ambas cosas.
[...]
El agua salpica los gastados flancos del junco. A pesar de las horas en el mar la embarcación conserva la laca roja por encima de la caoba con la que la contruyeran. Este junco de velas rojas parece un juguete a mercer del tránquilo oceano índico, que dormita bajo el sol de mediodía.
Su cubierta repleta de marineros malayos parece un hormiguero en su hora más perezosa, ya que los malayos nunca trabajan si no es a golpe de látigo o azuzados por sus extrañas necesidades religiosas. McGargan duerme hastíado por el calor, O'Danniel delira en un rincón por falta de moral en su petaca y el viejo Galahan blasfema y anuncia a los cuatro vientos que va a llover esta tarde. El timón es tan fácil de llevar que el sopor me invade y no puedo evitar apoyarme sobre la rueda de madera ensoñecido. Hace cuatro dias que no hay ni un mal soplo de este maldito viento embrujado y la calma esta empezando a adormecernos como el conjuro de una sirena malvada. El pequeño Kip parece ser el único despierto mientras juguetea con Squeak por los encordados. El chaval ha conseguido un poco de pan de la cocina de McGargan y parece que se lo pasa en grande viendo como el pequeño mono araña lo caza al vuelo saltando de cuerda en cuerda.
Empiezo a arrepentirme de haber salido tan pronto del puerto de Jakarta, el mar esta demasiado encalmado para aprovechar el viaje y ya enfermó uno de estos vagos malayos. El Carincero nos pisaba los talones, almenos con ese viento nunca nos cogerá. Un destello en el horizonte me hace fruncir el ceño. Hay un barco en la lejanía, navegando con esta poca brisa. Es un barco enorme, uno de los nuevos navíos bergantines de la armada inglesa. Deberías verlo pequeña, es una preciosidad blanca que surca las olas con la elegancia de un císne cargado de oro. Gritó a pleno pulmón y mis hombres despiertan en cuestión de segundos. La bandera de Jonny Red ondea con fuerza por encimad e nuestras cabezas mientras el viento que manda la fortuna agarra el "Suerte Roja" en volandas y lo arrastra a través de las olas hacia el buque de guerra. Para cuando nos veen e intentan maniobrar ya es tarde, nuestro giro es completo. nuestros seis cañones de babor vacían sus cargas y hacen trizas su timón abriendo una vía de agua. Esquivamos sus poderosos cañones y les rondamos como un cuervo en un campo de batalla observando a un moribundo. No tardan en rendirse.
Abordamos el barco a sangre y a fuego a sabiendas de que tratan de engañarnos, y el precioso cisne herido se hunde mientras sacamos el oro de su interior. Creo que esta vez, si no hay ningún contratiempo, si que será suficiente para terminar, bonita. La polvora y los cañones también son trasladados así cómo armas y documentos militares que pdorian ser de utilidad. Observamos en silencio como esa preciosidad gobernada por ineptos muertos se hunde en el plácido mar en silencio, como quien vela un cadáver, antes de poner rumbo a las tierras del Sultán de Brunei en Borneo para festejarlo [...]
Ha sido mala suerte, sólo pura y simple mala suerte. La fortuna, la dama roja que siempre me había sonreido me ha abandonado, mi pequeña. Jonny Red ya no esta protegido del destino. Hoy es un día aciago para Jonny Red.
[Continuara]