dijous

Fuegos fátuos

Acabó con el sufrimiento de la colilla con su bota y salió del local con el reconfortante peso del arma en su sobaquera. Un revolver del 38 podía no parecer gran cosa, pocos héroes de pelicula usaban un arma de tan poco calibre, con un tambor de sólo seis balas y con un cañón tan corto. Era algo poco viril.

Aun así una bala era una bala y podía acabar con cualquiera. Cómo le había dicho Chapas, el traficante, las armas de fuego eran la democrácia de la violéncia. Antes el poder era de los más fuertes, a partir del momento en que cualquiera con una pistola podía matar a quien quisiera, se imponía la igualdad. Era lo que le había dicho su padre.

Si te lo propones, puedes ser tan peligroso como cualquier hijo de puta que te encuentres por la calle.

Sabía que lo había escuchado en una peli, probablemente, pero aun así no dejaba de ser una especie de dogma familiar. El orgullo, el honor, el camino de la venganza. Podía llamarlo justícia, podría llamarlo prevención, podría decir que no podía permitir que lo que habían hecho quedara impune, pero todo era un disfraz de su sed de venganza.

Porque era eso, aunque le resultara insufrible que pasaran aquellas cosas como si nadie pudiera hacer nada. Aunque pensara que no podía permitir que volviera a pasar, aunque creiera a pies juntillas en la ley del talión. En el fondo era todo por venganza. Desaba con toda su alma que sufrieran por lo que habían hecho. Que tubieran miedo de la gente de la que abusaban.

La rebelión de las ovejas acabaría con lobos y pastores. Y pastarían hasta que no quedara nada más que un enorme yermo bajo el cielo. Aunque sabía que la libertad les condenaría a todos, no podía hacer menos que lo que era justo. Al menos la muerte era justa con todos. Y si ese era el mundo que habían creado, les estaba bien empleado que les devorara su propia estupidez.

Con el peso reconfortatnte del revolver en la sobaquera tomó una firme determinación.

Lo que es justo es justo, y al inferno con el resto