10.6.09

La sed del alma

A veces sientes una necesidad desesperada de aprender algo nuevo. De ver algo nuevo, de oirlo, de tocarlo, de lamerlo.

Necesitas SENTIR, recordarte que estas vivo y que tus venas palpitan con el flujo de tus pensamientos. Saber sin ninguna duda que, aunque solo sea por un instante, puedes hacer todo lo que te propongas. Que los límites son algo que les ocurre a los demás.

Ser inmortal por un segundo.

Puedo tolerar el aburrimiento, puedo tolerar la ignorancia, incluso puedo tolerar el hambre, pero esa sensación asfixiante de que el tiempo se escapa para nunca volver puede conmigo. Me ahoga porque sé que no puedo hacer nada en su contra. Que no hay remedio para esto.

Y cuanto más tiempo pasa sin hacer nada de provecho más sediento estoy. Pero sigo sin encontrar un modo de que esas pocas gotas de rocío que encuentro se conviertan en un manantial del que beber. Mis numerosos lastres siguen enterrandome en el desierto que es la vida y veo un espejismo de un banco de arena dónde esta el oasis. O tal vez no haya oasis, pero tengo que seguir pensando que existe, porque tengo que ir hacia alguna parte.