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¿Quien dijo miedo?


He encontrado la casa de mis sueños. Una casa de la que hasta zhir estaría orgullosa. Es una casa flotante (inspirada en una medusa!) submergible y bastante trabajado.

Aquí podeís encontrarla. Bajo el nombre de Jellyfish 45, sólo tiene un problema. El precio, 2 millones de dólares... en fin, no se puede tener todo... dejo unas imagenes.

diumenge

Poemes

BORIS GODUNOV
(Fragmento)
Pimen: (Escribe a la luz de un candil)


Una más; la última historia
y se acaban mis anales.
He cumplido el deber que Dios me legó,
a mí, pobre pecador. No en vano
me hizo testigo de tantos años
y me enseñó el arte de las letras.

Un día, algún monje diligente
encontrará mi obra esforzada y anónima.
Como yo, encenderá el candil
y sacudiendo el polvo de las cuartillas
copiará estos cuentos verídicos.
Que sepan los nietos de los ortodoxos
el pasado de su tierra;
que recuerden a sus zares magníficos
por sus obras, su gloria y su bondad;
mas, por sus pecados, sus hechos oscuros,
que imploren humildes al Salvador...

Estoy viviendo de nuevo en mi vejez.
El pasado se desliza ante mí.
No hace mucho tiempo que en torrentes,
lleno de hechos, se agitaba como un mar.
Ahora está mudo y tranquilo...
Mi memoria no conserva muchos rostros;
hay muchas palabras que se han ido;
lo demás ha perecido para siempre...
Pero se acerca el día, el candil ya se extingue:
una más; la última historia...

EL AVARO
Escena primera (El sótano)
El Barón:
Así como el mancebo acude a la furtiva cita
con cualquier libertina que vende sus caricias,
o la tonta muchacha que pudo seducir,
espero todo el día el instante dichoso
en que bajo a mi sótano hacia mis fieles cofres.
¡Oh, qué glorioso día! Pondré en la sexta caja—
la que aún no está llena— un puñado más de oro...
Parece ser muy poco, mas lentamente crecen
mis amados tesoros. Leí en alguna parte
que el Rey ordenó un día a todos sus guerreros
que echaran un puñado de tierra en un montón,
y un orgulloso cerro allí se levantó.
El Rey pudo mirar de lo alto alegremente
la llanura cubierta por las tiendas de guerra
y el mar donde bogaban, cual pájaros, los buques.
De igual modo, trayendo puñado tras puñado
mi tributo habitual hasta este sótano,
me erigí una montaña, y de su altura soberbia,
lo que me pertenece me gusta contemplar.
Pero decidme: ¿qué es lo que no me pertenece?
Desde aquí como un mago puedo regir el mundo.
Si yo lo deseara, se levantarían palacios;
a mis bellos jardines vendrían diligentes
las niñas más hermosas en grácil multitud.
Las musas me darían su olímpico tributo
y el genio majestuoso se rendiría ante mí.
La virtud, el tesón, y la labor constante
esperarían humildes mis pingües recompensas.
Me bastaría un silbido, y la maldad sangrienta
se arrastraría hasta mí, dócil, tímida, servil;
me lamería las manos mirándome a los ojos
para leer en ellos mi magna voluntad.
Todo me es obediente; yo no obedezco a nadie;

EL PUÑAL
Yo te aprecio, mi puñal de noble acero.
Te forjó para la venganza el soñador georgiano;
te afiló para el combate el libre circasiano,
mas yo te aprecio, claro y frío compañero.

Una mano de lirio te puso en mi mano
a la despedida, en prueba de amor,
y no fue sangre lo que por ti se deslizó:
fue una gota de llanto, clara perla de dolor.

Y llenos de una tristeza misteriosa,
en mí se detuvieron sus ojos negros.
En la luz temblorosa, al igual que tu acero
se empañó su mirada y lució más hermosa.

Eres mi compañero, prenda de mudo amor.
De ejemplo servirás a mi vida peregrina:
como tú, no he de cambiar, y mi alma altiva,
como tú, amigo fiel, será fuerte en el dolor.


EL TERROR
Por la noche se preparaban para el trabajo.
Leían relaciones, informes, expedientes.
De prisa firmaban sentencias.
Bostezaban. Bebían.
Por la mañana repartían vodka entre los soldados.
Por la noche, a la luz de las velas,
llamaban por lista a hombres y mujeres.
Los empujaban al patio sombrío;
les quitaban calzados, ropa interior, vestidos.
Los ataban en líos; los cargaban en el carro; los llevaban.

Dividían anillos, relojes...
Por la noche los conducían, descalzos, hambrientos,
por el suelo helado, bajo el viento Nordeste,
fuera de la ciudad, hacia vacíos solares.
Con las culatas los empujaban hacia la barranca,
los alumbraban con las linternas, y durante un medio minuto
trabajaban las ametralladoras.
Los acababan con las bayonetas.
Aun vivientes, los echaban en el foso.
De prisa los cubrían de tierra,
y entonces, con un canto largo y sonoro
retornaban a la ciudad.

Al amanecer, se deslizaban hacia las mismas barrancas
mujeres, madres, perros.
Excavaban la tierra, peleaban por los huesos,


y besaban la carne querida.


conozco mis poderes, y eso me hace feliz...